Que los votantes de Chile elijan a gente de muy baja cualificación intelectual para gobernar, ya indica que la población no tiene muchas luces.
Que muchos miles todavía compren ideologías fracasadas, indica que tienen menos cerebro que un mono. Donde no hay inteligencia solo se puede esperar tonterías, y eso es la tragicomedia de Chile, un esperpento.
Absurdos como la inmunda organización de derechos humanos que protege a los vándalos en las manifestaciones y que no apoya a las personas atacadas por las molotov que esos vándalos protegidos lanzan contra las personas.
Absurdo es que se rijan por las leyes emanadas por estúpidos y que se conformen con sufrirlas sin votar a gente con capacidad intelectual suficiente para redactar leyes de sentido común.
Absurdo es que todo el cuerpo de funcionarios de Chile no sea capaz de desarrollar su desempeño por la mínima edad mental que demuestran.
Todo les queda grande, cualquier poncho.
Un país que se farréa el capital humano, desaprovechando su aporte, sin prepararlos y sin incorporarlos para hacer país.
Un país gobernado por estúpidos y por incapaces, no va a buen puerto.

Un país empieza por uno mismo, y si ese individuo no entiende que el desarrollo es una evolución cultural que comienza por una profunda conciencia cívica, una razón de convivencia y civilidad que es lo contrario del descuido, el atropello, la indiferencia, la falta de respeto, el vandalismo, el robo, el maltrato, etc., ese individuo entonces es un salvaje.


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