Los años de vacas gordas no han servido para impulsar con vigor un plan de desarrollo sostenible, un cambio de modelo productivo y económico que superase la dependencia del cobre, y también superase las malas prácticas de los empresarios de Chile.

La diversificación de las exportaciones basadas en el valor agregado apenas llegaron para convertir la uva en vino y venderlo barato.

Materias primas brutas de la minería, celulosa, agricultura y pesca y poco más son la gran exportación de Chile al mundo.

La exportación basada en bajos costes de mano de obra es la ruina de un país ya que no genera riqueza en la población.

La política financiera es de estrujar a los sectores productivos y ahogar a las pymes.

El país no sabe resolver su problema energético dando palos de ciego.

El país con más volcanes del mundo no sabe producir energía eléctrica de las entrañas de la tierra como lo hacen los islandeses.

Chile es un país atado a consignas políticas demagógicas que lo tienen en un estado permanente de crispación y frustración.

Chile no avanza porque no supera su mediocridad política y sus políticos rastreros.

Chile no puede pretender que su economía de consumo interno se base en salarios bajos y deuda por créditos al consumo, porque la deuda no genera riqueza a la población para retroalimentar el sistema.

La educación y formación de los trabajadores y profesionales de Chile no es una prioridad estratégica del Estado.

La sanidad pública es un desastre, las pensiones de hambre. El sistema judicial y penal carcelario es una barbaridad.

Las leyes mal formuladas y mal desarrolladas tienen a los delincuentes impunes azotando a la población cada día.

No existe un diseño de país, un plan de futuro.

Solamente existe una manga de sinvergüenzas que se han tomado el país para saquearlo.


Anuncios