Es lógico que sepamos quién financió la campaña del tal diputado o tal senador y qué le debe o a qué se ha comprometido con ese financiador.

Las visitas de empresas internacionales y locales a ministros, parlamentarios y demás funcionarios públicos deberían estar grabadas para transparentar posibles casos de sobornos.

Las farmacéuticas tienen la costumbre de hacer regalos a los funcionarios relacionados con la sanidad. ¿A cambio de qué?

Las editoriales internacionales de libros escolares también hacen lo mismo con los funcionarios de educación.

En el sacar a la calle a miles de personas que se oponen a algo, muchas veces está detrás una oscura trama de intereses.

El corporativismo que se arroga el derecho de decirle al legislador cómo tiene que hacer la ley para no alterar el orden de las cosas es de una repugnancia total.

Partidos políticos acusados de crímenes de lesa humanidad como el que gobierna en Corea del Norte, que tengan la indecencia de legislar en Chile con su franquicia, asesoradas y con los consejos de Fidel Castro, es de una incoherencia supina en una democracia.


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