Es muy sencillo aplicar fórmulas de discreta inteligencia de la cual los gobernantes chilenos demuestran cada día que no tienen.

El sentido común en las políticas cercanas y cotidianas se siente ausente. El pueblo no percibe gobiernos y autoridades justas, sino atropellos, indiferencia y abandono.

Los puestos públicos son copados por inútiles que por su militancia política o de secta acceden a los mismos, escupiendo a la meritocracia.

Resolver no es prioridad de esta clase indigna, sino que sus prioridades son mantenerse como apitutado, sus privilegios y venderse al corruptor.


Anuncios