El coste de incorporar un trabajador a una empresa viene dado por la suma de la remuneración bruta más las aportaciones empresariales a los seguros sociales del trabajador, el aporte a su formación, el aporte a las mutuas, más el coste de sus bajas y reemplazo, además de la indemnización por despido.
Cabe pensar que si la suma de factores es superior al coste de las horas extras de la plantilla, el empresario optará por no contratar y preferirá pagar horas extraordinarias.
Parece ser que los trabajadores impiden la contratación al hacer horas extras.
Y parece ser que de las variables rígidas también impiden la contratación. ¡Será por eso que hablan de flexibilizar!
Entonces, si el sistema se reduce al coste del salario bruto más los aportes sin tener que añadir más factores porque ya dependen de un fondo de despido y desempleo, es lógico pensar que el empresario no se ve atado al desembolso importante por despido que es la causa esgrimida para no contratar.
Así podemos afirmar que facilitar el despido crea empleo y que las horas extras caras favorecen la contratación.
Con todo, si el trabajador no recibe una remuneración que produzca incremento de la demanda interna y algo de ahorro, la economía del país quedará encerrada en el subdesarrollo tercermundista.
El pensar que con un sueldo de miseria y un crédito abierto se soluciona el poder adquisitivo, es una absoluta estupidez porque la deuda no es riqueza. En todo caso sería riqueza para los prestamistas.