Entre la flaitecracia y la pungacracia están acorralados los chilenos bien nacidos, que no pueden ser ayudados por el Ministerio del Interior, ya que no existe por inoperante.
Acorralados entre políticos tercermundistas que siguen sin enterarse de que cayó el muro de Berlín aplastando la ideología del fracaso y de la esclavitud que en Chile venden como la pomada de la igualdad y el progreso de la clase trabajadora.
Acorralados entre patronos y jefes indolentes que confunden al trabajador con un siervo del medioevo.
Acorralados por los delincuentes de oficina amparados en la legislación del embudo.
Acorralados por la burocracia y el abuso.
Acorralados por el nepotismo, el favoritismo y la corrupción.
Acorralados por el incivismo de miles de groseros e insolentes que atropellan las libertades de los demás sin enmendar.
La cultura de la ausencia de responsabilidad, de la tolerancia con el que delinque impide que la sociedad evolucione sin esas lacras.
Hasta que no ocurra un rechazo social a todas esas malas conductas, la cultura marginal y delictiva será parte importante del mundo chileno.