Mientras la economía europea lucha para no sumergirse en el abismo y Estados Unidos se esfuerza en dar credibilidad a su nuevo plan de rescate que esta vez estará enfocado a la creación de empleo, el inminente estallido de la burbuja inmobiliaria en China amenaza con eclipsar a todas las otras burbujas inmobiliarias. El reporte de Al Jazeera es elocuente en mostrar las ciudades fantasmas que han proliferado en el gigante asiático, al igual que en Estados Unidos y Europa.

China ha crecido a tasas de dos dígitos desde los años 80, emergiendo como nueva potencia mundial. Esto le ha permitido acumular más de 2 billones de dólares en reservas producto de su desarrollo manufacturero, que es el motor de sus exportaciones. Pero como ha sido una de las características del modelo económico del globalismo, gran parte de esa riqueza queda en manos de los más ricos, quienes se siguen enriqueciendo mientras la gran mayoría se empobrece.

El crecimiento espectacular del país ha sido abiertamente desigual y ha incrementado fuertemente la oferta de vivienda, que están cada día más lejos del alcance de la gran mayoría de chinos. De acuerdo a GoBankingRates, existen 64 millones de departamentos que aún no encuentra compradores, una suma que supera largamente a las burbujas inmobiliarias de Europa y Estados Unidos juntas.

La especulación inmobiliaria del gigante asiático llevó a los precios a subir un 140% desde 2007 y en la ciudad de Beijng los precios se han incrementado hasta un 800% en los últimos 8 años. Esto llevó al gobierno chino a imponer requisitos más estrictos para acceder a los préstamos bancarios, así como elevar las tasas de interés para amortiguar la especulación. Además, como señalamos en su momento, el gobierno chino suspendió los préstamos hipotecarios a aquellas personas que ya tuvieran vivienda, y los limitó para aquellas personas que tuvieran un ingreso acorde y estuvieran al día en los impuestos. Estas medidas frenaron la compra de nuevas viviendas y el resultado es un exceso de oferta que amenaza con paralizar al sector de la construcción.

Sin embargo, como los gobiernos locales siguen dependiendo de las ventas de tierras y de los impuestos a los bienes raíces, éstos aceptan las presiones de los promotores inmobiliarios para continuar el negocio. Los promotores han acumulado suficiente riqueza para manejar a la banca y a los gobiernos locales, y ni a la banca ni a los gobiernos locales les molesta transgredir la ley. Al igual que en occidente, todos se han hecho fuertemente dependientes y adictos a los préstamos, y requieren generar deuda para mantener el sistema a flote… durante el mayor tiempo posible.
A medida que las exportaciones de China sufren el mayor desplome de su historia, con caídas que llegan al 40 por ciento del PIB, tal como las que viven Alemania, Japón, Corea o Singapur, surgen muchas dudas sobre la fortaleza real del gigante asiático. La economía China camina por la cuerda floja y trata de contener la debacle del comercio exterior con cuantiosas inversiones en carreteras y ferrocarriles que logren mantener en pie a las industrias de propiedad estatal. En este punto no sólo está en juego la teoría del desacople, a la cual nos hemos referido en otros artículos, sino toda la estabilidad de la economía mundial.

Hasta el momento, los indicadores económicos provenientes de Beijing señalan que el país sigue rugiendo, sacudiéndose de las ingratitudes del mercado e intentando fortalecer sus mecanismos de economìa interna. Las medidas financieras han brindado un fuerte apoyo al sector rural, fortaleciendo, por ejemplo, el sistema de pensiones para evitar la masiva migración urbana que en la últimas décadas amenaza con colapsar al país. Si China logra evitar el movimiento hacia las urbes, habrá dado un gran paso hacia su desarrollo, creando, además, un modelo a seguir.

El punto que las agencias miran con celo y resguardo son las otorgaciones de crédito que han hecho los bancos chinos y que triplican los préstamos de años anteriores. A muchos sorprende la generosidad de los bancos chinos para otorgar préstamos, en medio de los delicados momentos de sequía financiera. Mientras el resto de la banca no cede ni un céntimo a nadie, los bancos chinos se lucen con préstamos dadivosos, que si no son absorbidos eficientemente por la economía real, pueden dar paso a la próxima burbuja. La fuente de esta idea está en la burbuja especulativa del Japón de 1990, cuando los jardines del Palacio Imperial de Tokio tenían más valor que todo el Estado de Nueva york.

Pese a que hasta el momento el metro cuadrado de Pekín, Beijing o Shangai no se dispara a niveles estratosféricos, las autoridades han decidido frenar los préstamos y así fue como bajaron de los 248.000 millones de dólares otorgados en junio, a 52.000 millones de dólares en julio, lo que por cierto ha levantado suspicacias. China se ha comprometido a vigilar de cerca los créditos de tal manera de evitar la creación de una burbuja. La facilidad de que los préstamos no entren a la economía real y lleguen al juego especulativo es muy amplia. De ahí, a la creación de un esquema Ponzi solo resta un paso, con toda su secuela de problemas reales.

China está haciendo un gran esfuerzo por revertir su dependencia de las exportaciones hacia una mayor expansión de la economìa interna. En este intento puede ser víctima de una pérdida de control, o de una caída en manos de los “espíritus animales” que intentan dominar el mercado. Pero hay una diferencia: mientras en occidente el “gasto” es sinónimo de consumo, en china es sinónimo de inversión. y por una razón muy sencilla: no se pueden cambiar los hábitos culturales por decreto. Los chinos no se harán consumistas de la noche a la mañana. Mientras en occidente gran parte del PIB se basa en consumo, en china lo es en infraestructura e inversión. Esa puede ser la diferencia que aumente el desequilibrio mundial.
La evolución de la crisis económica va confirmando una hipótesis universal que hasta hace poco parecía imposible: hay una cierta teoría del desacople. Si durante algún tiempo se pensó que China podría tomar el relevo de locomotora económica, hay que reconocer que esto hasta el momento no se ha producido. Estados Unidos sigue siendo el centro del mundo económico y tras el anuncio del viernes de medio millón más desempleados, será el resto del mundo el que sufrirá más. Sin embargo, China tiene muy vigente su rol de relevo.

Hasta mediados del año pasado, Estados Unidos producía el 25% del PIB mundial (la cuarta parte) pero consumía el doble: la mitad de toda la producción mundial, creando ese enorme, pesado e insostenible déficit. Un endeudamiento de tal envergadura no está permitido para nadie. Ni siquiera para los EE.UU. Por eso la austeridad en el consumo de este país le ha endosado el problema al resto del mundo que se ejemplifica con la abrupta caída del comercio mundial. Por eso vemos que la producción industrial de Alemania, Japón, Corea y Taiwán se ha desplomado, aumentando seriamente el desempleo en gran parte del mundo.

Esta violenta caída de la producción que se vive por primera vez desde la segunda guerra mundial, ha obligado a los bancos centrales a bajar las tasas de interés a sus mínimos históricos: entre el 1,5% y el 0%, en una estrategia de apuntalar a un sistema financiero global al borde del colapso. Si bien este proceso comienza a mostrar leves signos de estabilización, el desempleo en Estados Unidos y Europa sigue aumentando creando una fuerte tensión respecto a los déficit fiscales. La gran mayoría de las economías experimentarán un fuerte retroceso: Japón, la segunda economía mundial, caerá un 6%.

Es aquí donde entra China. Está claro que el gigante asiático no puede asumir esa cuota de consumo que libera Estados Unidos. Pero su lento y paulatino relevo en el ritmo de la actividad económica demuestra que no está haciendo las cosas mal. Hasta el momento, su crecimiento se mantiene en torno al 7,5%, pese a la caída en picada de sus exportaciones. Recordemos que cuando estalló la crisis, y comenzó a verse la contracción de Estados Unidos y su descenso vertical en la demanda, se pensó que China no sería capaz de sobrevivir al derrumbe dada la alta dependencia de su comercio con Estados Unidos.

Sin embargo, China está enfrentando la crisis mediante la ejecución de audaces políticas fiscales expansionistas, al tener una mejor posición financiera que la mayoría de los países. Esto le permite realizar grandes proyectos en infraestructura, muchos de los cuales habían sido estudiados antes de la crisis. Es decir, solo debieron adelantar la realización de algunos de estos proyectos para impulsar su demanda interna.

El modo en que China resista estos embates será crucial para el curso que tome la crisis en los próximos meses. China es el mayor consumidor del mundo de muchos metales como aluminio, cobre, niquel, acero; y después de Estados Unidos es el mayor consumidor de petróleo. En el plano de los alimentos es uno de los mayores importadores de soja, trigo y maíz. Para partes de América Latina, Oriente Medio, Australia y Canadá, la demanda China será una muy buena noticia.

fuente:Marco Antonio Moreno
elblogsalmon.com