La brecha entre la tributación de las personas físicas y las sociedades de inversión hace que se creen sociedades con el único objetivo de traspasar las rentas para pagar menos impuestos.
Por lo que resulta obvio que el tramo del impuesto de las personas físicas por encima del que tributan las sociedades de inversión resulta inoperante a los efectos recaudatorios.
Si se igualan los tramos para las rentas más elevadas elevando el impuesto en las sociedades de inversión se consigue paliar esa diferencia.

Una exigua recaudación de impuestos utilizados como redistribución de la riqueza es querer y no poder.
Sin un potente aporte fiscal que fundamente tal política se trataría simplemente de dar limosnas que eternizarían el problema sin llegar a solucionarlo.

El mejor antídoto contra la pobreza y la mala distribución de la riqueza está en el salario. Pero si partimos de la base que el salario es de hambre entonces no hay política tributaria que valga para poder subsidiar a la mayoría de la población, (clases bajas y clase media).
Es de perogrullo pero es que cuando los salarios suben y hay alto empleo la recaudación tributaria sube y hay mucho dinero fiscal para poder redistribuir mediante subsidios y es cuando menos hace falta, y por el contrario cuando hay crisis la recaudación cae en picado y desaparece el dinero para dar subsidios y es precisamente cuando hace falta. Por eso si un país se dedica a dar subsidios de forma estructural, cuando cae la recaudación lo que hace es tomar préstamos para seguir con el nivel de gasto y es lo que hace que un país se hunda en una crisis de deuda insoportable.
Cuando los salarios son miserables se puede equiparar con un país en crisis severa que no puede recaudar para ayudar a una elevada población a subsistir.
Un país en lugar de acostumbrar a la totalidad de la gente a los subsidios lo que debería hacer es promover el emprendimiento para asegurar el empleo por la creación de empresas y cuidar mucho que se cumplan las buenas prácticas de competencia, calidad, seguridad y formación.
Las políticas de subsidios se deberían enfocar como estrategias concretas y puntuales. En el caso de los estudios subvencionados de formación se debería establecer una progresividad según la renta y un sistema de acceso para los más capaces, ya que no tiene sentido ni justificación que una persona se empeñe en ser médico si su capacidad intelectual no se lo permite, y pagarle la carrera a esa persona es simplemente despilfarrar recursos y que si quiere perder el tiempo no superando examenes año tras año que lo haga con su dinero en una institución privada sin subvencionar por supuesto.
La atención de salud integral subvencionada debería ser progresiva según el nivel de renta. Pero un sistema de salud total, no de ésto entra y ésto no.
La subvención a la vivienda debería ser progresiva por rentas y con un tope de 90 metros cuadrados, pero de vivienda de calidad no de porquerías que es donde viven los cerdos.
La atención a los jubilados debería contar con un complemento a mínimos pero a mínimos de dignidad, no al mínimo infrahumano.
Un gobierno cuando subvenciona un puesto de trabajo a una empresa por mucho tiempo lo que hace es colaborar con esa empresa en la competencia desleal al abaratar el coste del trabajador en relación con el coste del mismo en las empresas de la competencia.