
Según la doctrina Neoliberal el sueldo mínimo no se debe subir porque perjudica al empleo ya que al subir los costes de mano de obra el empresario opta por despedir a trabajadores hasta ajustarse al mismo coste laboral que tenía antes de la subida, aumentando la productividad de paso, al dividir el mismo trabajo entre menos trabajadores.
Pero si aumentó la productividad, ¿por qué esos trabajadores no cobran más?
Porque se trataba de mantener como antes los mismos costes laborales sin afectar al precio del producto.
Ahora bien, si el empresario se ve obligado por la presión sindical a aumentarles el sueldo y con la plantilla reducida está al límite de producción, es decir si baja un trabajador más sacrificaría producción, entonces el empresario, la subida la repercutirá en el precio del producto y aquí comenzará su lucha para mantenerse en el mercado con un producto más caro.
Pero si los trabajadores han conseguido un aumento y son consumidores del mismo producto que fabrican se encuentran con que el producto que compran es más caro y paradoja -¡la subida de sueldo se ha quedado en nada!-
Pero entonces si cambiamos la definición de productividad por la de producto de alto valor de mercado obtenido por una maximización del rendimiento del trabajador/jornada en un entorno con las herramientas óptimas para desarrollar el producto con exigencia de calidad y procesos.
En este caso habría que decirles a los chilenos que dejen de exportar fruta y que se pongan a fabricar perfumes, ferraris, instrumental sofisticado, …
Y que se dejen de depender de las commodities y exporten minerales manufacturados de alto valor agregado como cabinas de aviones, baterías, torres eólicas, barcos, etc.
Si lo que llaman productividad es ésto, entonces los chilenos tienen que hacer la revolución industrial porque están anclados en la etapa agrícola y de extracción mineral.
Chile debiese desarrollar las actividades económicas donde presenta mayores ventajas comparativas para competir en el concierto internacional, ahí esta el dilema.