Las academias de secretariado, idiomas, refuerzo, y rubros afines, inundaban calles y periódicos con carteles de propaganda con su sistema de se lo damos financiado por el banco. Contaban con más ejecutivos de ventas, para atender a los clientes-estudiantes, que con profesores de plantilla, ya que para eso tenían en los clasificados de los diarios, ofertas por horas para profesores taxi.
Un día tras el cambio de legislación encontaron un nicho virgen, le cambiaron el rótulo al frontis y le pusieron universidad privada, continuando con la misma mecánica de funcionamiento.
Pero pronto se dieron cuenta que en publicidad tenían que dar un paso más y así fue como se les ocurrió contratar a expolíticos de renombre y alguna que otra figura que aportase el prestigio para los cargos directivos, para ello se disponía de holgados sueldos para convencer y la convicción de que muchos accederían viendo la propuesta como un premio de retiro.
La empresa tendría clientela asegurada con la ilusión y los sueños de miles de jóvenes de abandonar la pobreza con un cartón. Solamente quedaba arreglar las minucias como las acreditaciones de carreras y contar con estudios que tuvieran salida, pero eso ya lo dejaron para el otro año.