
Mucho se habla del resentido social que nace del abandono familiar y de la sociedad, que culpa de su infelicidad a la sociedad entera desquitándose con ella maltrando a todo el mundo y robando como castigo.
También se habla de aquellos que sus madres trabajan todo el día, mientras ellos están solos y con los bolsillos vacíos contemplando la última play station en una vitrina.
Tambien están los que sufren la violencia intrafamiliar y son testigos del alcoholismo y la drogadicción.
Muchos de estos individuos buscan la protección paternal en las Pandillas, en donde hay una relación de grupo y equipo, en donde se le VALORA por su aporte y tiene recompensas.
El camino corto de obtener y disfrutar urgentemente los bienes materiales sin más requisito que convertirse en un delincuente, con el incentivo de gozar de impunidad si se es menor, le reporta más beneficios que perjuicios.
Pero, cómo explicamos el origen y la motivación de los estafadores de traje y corbata.
Obviamente actúan con impunidad amparados en los poderes fácticos y del Estado en muchos casos.
Sea el caso del manejo de información privilegiada para comprar o vender en la bolsa, sea el recalificar un terreno agrícola como urbanizable por medio de un truco político, sea el conceder obras o servicios bajo cobro de comisiones, sea el de colusión y cártel, sea el de los intereses usureros, sea el de la letra chica, sea el de comprar votos con subvenciones y subsidios, sea el de dar gato por liebre, sea el de los curas pederastas, sea …
Ética, la gran desconocida.