Los derechos humanos que invoca un delincuente ante un policía cuando es apresado por haber cometido un delito flagrante, como menos resulta chocante, cuando el delincuente no ha tenido miramientos con la víctima.

El caso es que el delincuente cuenta con todas las garantías, olvidando a la víctima. El buenismo de los legisladores se dedicó a tejer un sistema de protección al delincuente que resulta nauseabundo a la víctima condenada al desamparo y a pagarse sus defensa.

No se puede decir que un niño delincuente de 17 años es inimputable porque existe una ley del menor. Mire usted, ese gallo no es un niño y debe asumir con contundencia el peso de la ley, pero de la ley corregida como tuvieron que hacer en estados unidos ante tal calamidad. A la segunda, pena íntegra y larga por supuesto y si hacen falta prisiones en dos días se hace un campo de trabajos forzados. Basta ya.

Otro caso tuvieron que hacer en europa cuando por la ley del menor inimputable se aprovecharon los extremistas y pusieron en la calle a menores con bombas incendiarias dejando un rastro desolador por meses. La solución fue olvidarse de la ley del menor aplicándoles la ley antiterrorista y castigando además a sus padres por mal uso de la patria potestad.

Tompkins sacó a 100.000 manifestantes anti hidroaysén para defender sus propios intereses. Acaso no hay ningún chileno antidelincuencia que tenga la valentía de convocar aunque sea la mitad de gente para obligar al gobierno y legisladores leyes para barrer la delincuencia antes de que sea demasiado tarde como en méxico. Reclamen una toma de favelas como en brasil, reclamen la intervención inmediata de las poblaciones secuestradas por los delincuentes en las cuales la policía y los bomberos son apedreados cuando van allí.

Si no tienen pantalones y prefieren salir a defender los intereses de Tompkins y quedarse en casa antes que defender la vida y la libertad ante la delincuencia, entonces no merecen llamarse chilenos dignos.